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Cómo limpiar una pepita de oro y cuidarla sin dañarla
El oro no se oxida, pero una pepita sí acumula polvo, grasa de los dedos o restos de tierra. Con agua tibia, jabón neutro y un poco de paciencia vuelve a lucir como el primer día.

¿Hace falta limpiar una pepita de oro?
El oro es uno de los metales más estables que existen: no se oxida ni se corroe con el paso del tiempo. Por eso una pepita conserva su color durante siglos. Lo que sí puede ocurrir es que se ensucie por fuera: polvo, huellas, grasa de la piel o restos de arena y arcilla del río del que salió. En la mayoría de los casos basta con una limpieza suave de vez en cuando.
Antes de empezar, recuerda que el oro es un metal muy blando. Se raya con facilidad, y una pepita natural vale tanto por su peso como por su forma y su superficie intacta. Limpiar no es pulir: el objetivo es quitar la suciedad, no cambiar el aspecto de la pieza.
Lo que necesitas
- Un recipiente pequeño con agua tibia (nunca caliente).
- Unas gotas de jabón neutro, como el de lavar platos a mano.
- Un cepillo de cerdas suaves: un cepillo de dientes infantil o un pincel.
- Un paño de microfibra o papel de cocina que no suelte pelusa.
Paso a paso
1. Remoja la pepita unos minutos en el agua tibia con jabón para ablandar la suciedad. Hazlo sobre un recipiente y no junto al fregadero: una pepita de pocas décimas de gramo se pierde con facilidad por un desagüe.
2. Cepilla con suavidad los huecos y pliegues, sin apretar. Si la pepita tiene restos de cuarzo u otra roca incrustada, trátalos con el mismo cuidado: forman parte de su historia y no conviene arrancarlos.
3. Aclara con agua limpia para que no queden restos de jabón.
4. Sécala al aire o dándole toques suaves con el paño, sin frotar.
Lo que nunca debes hacer
- Ácidos y productos agresivos: lejía, desatascadores, limpiadores de joyería fuertes o vinagre concentrado pueden dañar la roca que acompaña al oro y dejar manchas.
- Calor: no la hiervas ni la acerques a una llama. El cuarzo y otros minerales incrustados pueden agrietarse.
- Abrasivos: pasta de dientes, estropajos, cepillos metálicos o pulidores rayan la superficie y le quitan el aspecto natural.
- Limpiadores de ultrasonidos en pepitas con matriz de cuarzo: las vibraciones pueden soltar las partes de roca.
Cómo guardarla
La mejor limpieza es la que no hace falta. Guarda la pepita en una cápsula transparente, un frasquito de cristal o una cajita de coleccionista, y cógela por los bordes o con unas pinzas de punta plástica para no dejar grasa. Así podrás admirarla con una lupa sin tocarla. Si la vas a regalar, una presentación cuidada ayuda: tienes ideas en Regalar una pepita de oro.
Una pepita limpia también se examina mejor. Si quieres revisar sus rasgos naturales, consulta cómo saber si una pepita de oro es auténtica, y para hacerte una idea de lo que supone cada peso, la guía de tamaños y pesos de las pepitas de oro.
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